miércoles, 6 de junio de 2007

La adversidad es ocasión de virtud.

Ante la adversidad como reaccionas?


Nos han "puesto" la idea en nuestras mentes que ser un "líder" es el terreno de unos pocos, de algunos "elegidos"; aunque cada ser humano tiene el poder de cambiar su vida con sólo tomar la decisión de hacerlo. Este breve artículo es extraído del libro “16 horas para Templar el Ser”, dedicado al Desarrollo Personal y el Autoliderazgo.
Para comprender el verdadero significado de "ser un líder con uno mismo", les propongo una experiencia en la simpleza de la cocina de nuestras casas.
En tres recipientes con agua hirviendo, colocamos en uno de ellos una zanahoria; en el segundo, un huevo; en el último agregamos dos o tres cucharadas de café y respetamos los tiempos de cocción de cada uno de los elementos, colocados en el agua hirviente.
Notaremos que la zanahoria antes de cocinarse era rígida, dura y muy difícil de quebrar; mientras que luego de ser hervida en el agua, se transformó en un cuerpo blando y muy fácil de aplastar con un tenedor.
El huevo, con su apariencia frágil y con un espíritu fluido, luego de pasar por agua hirviendo, parece no haber sufrido transformaciones; sin embargo, al romper su cáscara, comprobaremos que esa fluidez se endureció, al igual que su corazón o yema.
El café, en cambio, tiñó el agua hirviente y hasta le dio aroma y sabor.

La adversidad, actúa con nosotros como lo hizo el "agua hirviendo" con la zanahoria, el huevo y el café.
¿Qué somos nosotros ante las adversidades?... ¿Somos zanahoria, huevo o café?
¿Somos aparentemente duros y rígidos como una zanahoria, difíciles de quebrar, que ante una circunstancia adversa de la vida nos volvemos blandos y a punto de deshacernos en la depresión?.
¿Somos huevos, tal vez?... ¿tanto como que nuestro espíritu se endurece como nuestro corazón, a tal punto que cuando llega una oportunidad de amar, ni siquiera nos damos cuenta de que nuestros sentimientos se bloquearon?.
¿O somos café?... eligiendo convertir las adversidades en verdaderos “desafíos” de la vida, en verdaderas “oportunidades” para aprender y fortalecernos.
“Oportunidad” es una palabra compuesta del latín que significa “antes del puerto”. Es decir, luego de navegar, siempre hay una oportunidad. Y sin duda, si naufragáramos, nos habríamos ahogado en el mar de las decepciones y jamás hubiésemos llegado a “buen puerto” para emprender nuevamente un viaje más preparados, gracias al aprendizaje obtenido en ese constante navegar de la vida.

El "auto-liderazgo" es la condición humana del autodes-cubrimiento. Es descubrir y poten-ciar nuestras fortalezas; es aceptar y transformar nuestras debilidades, explorando las profundidades de nuestro Yo Interior, donde habita la esencia del universo y sus principios.

Nos han "puesto" la idea en nuestras mentes que ser un "líder" es el terreno de unos pocos, de algunos "elegidos"; sin embargo, ¿recordamos concientemente las muchas veces que hemos liderado situaciones en nuestras vidas con total naturalidad y desapego?. No se nace siendo líder: es algo que se aprende y para ello es necesario tomar la decisión de hacerlo con total "determinación".
Ciertamente se dice que: "el arte de ser líder" es el "arte de ser uno mismo". El arte, en consecuencia, está relacionado con la belleza; y así como la belleza no se puede definir con facilidad, aunque se la "distingue" cuando se la contempla; así es el liderazgo de uno mismo.

Cuando nos lideramos a nosotros mismos estamos manejando las herramientas del conocimiento de SI. Somos aquellos seres humanos que han decidido acompañarse a SI mismos y de "hacerse cargo de nuestro propio ser". Esa belleza que emana como una luz interior se expande hacia fuera, mostrando su plenitud, su simpleza y su creatividad en el "encuentro diario" con la felicidad.
Cuando tenía 3 años, mis padres y mis hermanos se contentaban cada vez que, en reuniones de amigos, me preguntaban que quería ser yo cuando sea grande. Recuerdo que siempre contestaba "quiero ser feliz"..."porque el amor es amar hasta morir"... Luego, los pasos por la vida me hicieron entender un nuevo significado de "ser feliz".

En un momento me parecía contradictorio cómo es eso de que uno desea "alcanzar la felicidad" y, a medida que avanzaba en la vida, sufría y veía que la felicidad cada vez resultaba más lejana. Eso fue hasta que me di cuenta que la felicidad no es "una meta", sino "el camino de todos los días, del aquí y el ahora mismo". Que no es mañana, ni pasado mañana; que es mentira eso de que "no existe la felicidad, sino los momentos felices".... Y cuando me di cuenta de ello, estaba respondiendo a mi "pregunta difícil" (¿cuando llegaré a ser feliz?) al saber que la felicidad es "el camino del HOY". Desde ese momento sentí que planté en mi una semilla.
Transformarse en un líder, es convertir la semilla en la flor del "uno mismo", del ser auténtico, del ser con valores, del vencer los fantasmas de los miedos, del ser agradecido al universo y a su inagotable energía, fuente de nuestro equilibrio y armonía.
Les propongo auto-responderse con verdadera con-ciencia a estos interrogantes, todos los días de vuestra vida, a cada instante:
- ¿Me siento víctima de las circunstancias?
- ¿Me quejo todo el tiempo?
- ¿Critico a los demás?
- ¿Juzgo o condeno a las personas y a las situaciones?
- ¿Las adversidades dirigen mi vida?
- ¿Soy leal a mis principios y a los demás?
- ¿Cuáles son los valores con los que transito mi vida?
- ¿Reconozco mis emociones?
- ¿Estoy gerenciando esas emociones que reconozco en mi?
- ¿Me auto-motivo?
- ¿Cuántos pensamientos positivos pongo en mi mente día a día?
- ¿Mis miedos se apoderan casi siempre de mi?
- ¿Yo soy el que soy, o soy lo que hago en este momento?

martes, 5 de junio de 2007

Ser amable no te cuesta nada y te aporta mucho

AMABILIDAD

El corazón de las personas es comparable a un caracol, en el sentido de que se encierra bajo un caparazón cuando se siente amenazado, y solo sale a comer cuando tiene hambre y no hay amenazas a la vista. Tratar a las personas con dureza y desconsideración las intimida y pone a la defensiva. No hay mérito en maltratar a la gente ni pisotear su autoestima, a menos que deseemos destacar entre los demás por nuestra falta de habilidad para obtener cooperación inteligentemente.

Obtener cooperación por medio de tratar mal a las personas jamás ha producido los mejores resultados, porque las personas no se sienten comprometidas a realizar su trabajo por lealtad ni por satisfacción, sino solo por un sentido del deber. En una empresa, esa clase de trato exige una supervisión estrecha sobre el empleado, lo que aumenta el índice de rotación de personal, perjudicando los intereses de la empresa al incrementar los costos de capacitación y entrenemiento. A la larga, es agotador, y nada rentable, capacitar a una persona nueva a cada rato. El empleado nunca alcanza la eficiencia que realmente se requiere, y cuando la alcanza, se le despide. No tiene sentido.

El efecto de una palabra cortés, muchas veces bastan unas cuantas frases amables para transformar una plática áspera en un diálogo amable. Por ejemplo, puedes decir cosas como: Mucho gusto, es un placer conocerte, ¿me permites ayudarte?, ¿puedo preguntarte algo?, encantado(a), por favor, gracias, ¿tendrías la amabilidad de pasarme esa hoja de papel?, aprecio mucho tu ayuda, te felicito sinceramente, ¿te ayudo? ¿Puedo ayudarte? ¿Es primera vez que vienes por aquí? Eso inspira confianza.

Usa actitudes corteses, algunos creen que presionando con fuerza la mano de la otra persona al saludarla le comunican seguridad y confianza. Y es cierto que la seguridad con que uno estrecha las manos puede comunicar eso. Sin embargo, ¿por qué alguien querría presionar demasiado las manos a otra persona, hasta el punto de causarle dolor o incomodidad? ¿No será por otros motivos?
La falta de cortesía no solo puede comunicarse con las palabras, sino también con las actitudes. Es apropiado presionar con seguridad, pero nunca hasta el punto de causar dolor o incomodidad. Hay una diferencia entre comunicar firmeza y confianza, y comunicar rudeza y maltrato. Por eso, evita presionar mucho la mano de las personas al saludarlas, para que no te recuerden como una bestia salvaje.
Por otro lado, tampoco es conveniente presionar tan débilmente que les parezca que están agarrando un trapo. La cortesía exige mostrar interés en la persona, y el grado de interés puede percibirse con las manos. Hemos visto que demasiada fuerza puede expresar brusquedad, y demasiada fragilidad puede expresar debilidad. Mucha fuerza ahuyenta, mucha debilidad despierta lástima.
Conecta a las personas, recuerda presentar a las personas que están contigo, no solo diciendo sus nombres, sino un detalle sobre su personalidad por el cual puedan recordarlas. Por ejemplo: "Te presento a Luis, es oftalmólogo", "Permíteme presentarte a Betty, que está inscribiendo a los participantes", "Carlos, te presento a Roberto, el esposo de Mary". Pasar por alto la presentación podría interpretarse como una descortesía. Si lo olvidaste, bastará con decir: "Ah, disculpa, te presento a [...]", y asunto arreglado.

No destaques por la verborrea, hay gente que cuando le dan la palabra, hubiera sido mejor ponerles un parche en la boca. Comienzan a hablar y no tienen cuándo parar. A esas les coniendría tomar un curso para "Callarse en Público". Es una descortesía hablar sin permitir que los demás participen.

Si tienes habilidad para conversar, pregúntate: "Cuando me conceden la palabra en una conversación habitual, ¿suelo consumir el tiempo hablando solamente de lo que a mí me interesa, acaparando la atención de todos y centrando sus miradas solo en mí? ¿O más bien, incito la participación, haciendo preguntas y procurando que los demás se expresen, apartando un poco la atención de mí mismo y guardando un silencio respetuoso para oír lo que ellos también tengan que decir? Recuerda: Consume el tiempo solo si recibes indicios claros de que les encantaría oír tus relatos. Si no, caerás muy mal y pasarás por descortés.

A menos que se trate de un discurso, permite que los demás también participen. No los interrumpas a cada rato para volver a tomar el control y apabullarlos con tu verborrea. Facilítales las cosas para que tomen parte.
Recuerda los pequeños detalles, haz los favores rápidamente y sin brusquedad. Manipula las cosas de los demás con delicadeza y consideración. Devuelve cuanto antes esa llamada. Responde cuanto antes las cartas que te hacen llegar. Defiende los derechos de los demás de la misma manera como defiendes los tuyos. Sé un amigo leal.

En vez de hablar todo el tiempo como una cotorra acerca de lo que a ti te interesa, llenando el aire con tu voz y con nada más que tu voz, concentrando la atención en ti, habla con entusiasmo de las cosas que interesen a la otra persona, sin acaparar la conversación, haciendo preguntas a uno y a otro, usando frases de cortesía y desplegando un trato amable. El resultado es que no solo estimularás la comunicación, sino que dirán de ti: "¡Qué amable es esa persona!", y te abrirán la puerta adondequiera que vayas. ¿No es ese un gran beneficio por el que vale hacer el esfuerzo? Tratar mal a los demás tiene malas consecuencias

Cierto cliente de un restaurante solía maltratar emocionalmente al empleado que le servía diciéndole palabras poco amables. No sabía que el vengativo empleado siempre escupía en su plato antes de llevárselo. Las cosas llegaron al colmo el día que el cliente mordió pequeños trozos de vidrio, lo cual terminó en un escándalo. Le hubiera ido mejor siendo amable.

Cierta familia que vivía en un edificio de viviendas compró un equipo de sonido de última generación. El día del cumpleaños del dueño de casa lo comprobarían. De hecho, bebieron licor hasta embriagarse y se descontrolaron, bailaron hasta altas horas de la noche y subieron tanto el volumen que los vecinos se quejaron. Debido a la borrachera, no hicieron caso a las quejas y respondieron con vulgaridades, hasta agrediendo físicamente nada menos que a la presidenta de la junta de propietarios. Llegaron varias unidades de la policía, la fiesta fue disuelta y citaron al dueño de casa. La pregunta es: ¿De qué les sirvió un equipo tan potente? ¿Acaso no se suponía que se divertirían? ¿Era así como habían planeado terminar el día? Lo único que consiguieron fue un terrible malestar. Nunca resulta bien tratar mal a las personas. Les hubiera ido mejor siendo amables.

domingo, 3 de junio de 2007

Jalemole al respetico

RESPETO
Hablar de respeto es hablar de los demás. Es establecer hasta donde llegan mis posibilidades de hacer o no hacer, y dónde comienzan las posibilidades de los demás. El respeto es la base de toda convivencia en sociedad. Las leyes y reglamentos establecen las reglas básicas de lo que debemos respetar.Sin embargo, el respeto no es solo hacia las leyes o la actuación de las personas. También tiene que ver con la autoridad como sucede con los hijos y sus padres o los alumnos con sus maestros. El respeto también es una forma de reconocimiento, de aprecio y de valoración de las cualidades de los demás, ya sea por su conocimiento, experiencia o valor como personas.El respeto también tiene que ver con las creencias religiosas.

Ya sea porque en nuestro hogar tuvimos una determinada formación, o porque a lo largo de la vida nos hemos ido formando una convicción, todos tenemos una posición respecto de la religión y de la espiritualidad. La palabra respeto está de moda. La escuchamos en el mercado, en los discursos, en las convocatorias, en las iglesias, en todas partes. Todos hablamos de tolerancia y respeto, queremos sentirnos personas cultas y educadas, que no reaccionamos con violencia ni grosería cuando alguien piensa o actúa de manera distinta a nosotros.

Pero, ¿cómo reaccionamos cuando alguien nos afecta a nosotros directamente? ¿Dónde quedan la tolerancia y el respeto cuando el carro de adelante no arranca inmediatamente después de que ha cambiado el semáforo? ¿O cuando aquel que desesperado porque está en una emergencia, nos corta el paso en el tráfico?
O para ser más realistas cuando nuestra hija decide salir con alguien que no nos gusta. Yo pienso que en realidad el respeto del que tanto se habla funciona, siempre y cuando no se metan directamente con nuestros intereses. Es una especie de pacto: si tú no te metes conmigo, yo no me meto contigo.
Pero hay algo más completo que la tolerancia, el respeto es más rico y completo en su significado, implica entendimiento, comprensión y una gran porción de amor.

El respeto exige la comprensión del otro. Ponerse en sus zapatos, implica tratar de comprender su posición. No basta solamente con no agredirlo o ignorarlo, implica escucharlo con atención y sin el ánimo de cuestionar sus ideas y abiertos inclusive a aceptar la posibilidad de replantear las nuestras.

El respeto hace una diferenciación total entre la persona y lo que ésta piense o diga en un momento dado. Nos lleva a aceptar nuestras diferencias personales, recordando que cada uno de nosotros tiene derecho a ser quien es.
Debemos recordar que cada ser es único y esta hecho a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto merece nuestro respeto y consideración.Podemos fortalecer el respetoAprende a escuchar.
Miremos con respeto a todas las personas que se cruzan en nuestro camino detengámonos unos segundos para saludarlas, mirémoslas a los ojos y deseémosle un buen día, o simplemente démosle las gracias con sentimiento. Deseémosle lo mejor desde el corazón.Tomemos la decisión de aprender.
El que cree que ya lo sabe todo está estancado. El mundo cambia continuamente y nosotros con él, y cada persona o situación que se presentan en nuestra vida son oportunidades para aprender y crecer. Colócate en los zapatos del otro.

Nadie hace cosas por fastidiar al otro; tú no sabes la situación difícil que otros pueden estar viviendo. De vez en cuando es necesario que trates de pensar y sentir como lo está haciendo la otra persona; es decir, desde su punto de vista. Extender nuestra comprensión hacia los demás, implica volvernos más compasivos.No seas intransigente. Que alguien tenga un defecto, que diga o haga cosas improcedentes no lo condena como persona, siempre podemos recapacitar o cambiar nuestra actitud o comportamiento. Por lo tanto, no rechaces, discrimines o maltrates a otros porque no hacen lo que tú deseas o esperas, ten más paciencia y comprensión. Nadie es más ni menos que tú.
Sólo somos diferentes en lo personal. Llegamos a este mundo con limitaciones y condiciones más o menos difíciles para superar, resolver y de las cuales aprender, en eso radica todo. Acepta a los demás con sus defectos y cualidades sin juzgarlos con ligereza.Enseña a tus hijos con el ejemplo.
Recuerda que es durante nuestra primera infancia, cuando comenzamos a incorporar los valores esenciales. En el proceso de enseñar a tu hijo como vivir, tu ejemplo es determinante.

Eres tú quien enseña a tus hijos a través del respeto hacia ellos, de qué manera ellos te respetarán a ti y a otros. La próxima vez que vayas a entrar a su cuarto, toca la puerta antes de hacerlo; de esa manera, él tocará a tu puerta antes de entrar.Cuando vivimos con respeto hacia los demás, nos volvemos más tolerantes, pacientes, comprensivos, cumplidores y responsables de nuestra participación en el mundo, y cuando nos volvemos respetuosos de nosotros mismos, establecemos límites con seguridad, nos valoramos más y confiamos en nuestra capacidad.