sábado, 2 de junio de 2007

Todo es cuestion de actitud!

Que actitud tienes frente a la vida?



Tu eres quien eres y te encuentras donde estás -tanto física como mentalmente-- como resultado de los pensamientos que hay en tu mente. La buena noticia es que si no estás satisfecho contigo mismo, ni a gusto con tu salud, física y mental, puedes cambiar esa situación, modificando la calidad de la información con que alimentas tu mente y los pensamientos y emociones que albergas en ella.

Tu puedes empezar a desarrollar una actitud mental positiva protegiéndote de los mensajes negativos que llegan a tu mente a través de los sentidos. El secreto del éxito puede resumirse en estas simples palabras:


Te convertirás en aquello en lo que piensas constantemente
Los pensamientos que albergas en tu mente influyen en tus decisiones a largo plazo y en tus determinaciones diarias, ya que toda acción está precedida por un pensamiento. ¡Es así de simple!

Todo lo que llega a la mente a través de los sentidos, ya sea de manera consciente o inconsciente, queda grabado en ella para siempre. Esto significa que si la alimentas con la información correcta, puedes esperar grandes resultados. De ahí la importancia de controlar la información que llega a tu mente a través de lo que lees, lo que oyes en la radio o lo que ves en la televisión.

¿Por qué una gran mayoría de personas no presta mucha atención al tipo de información que graba en su mente subconsciente? Tal vez aún no han logrado comprender el poder que pueden ejercer nuestros pensamientos sobre nuestras acciones. Se ha calculado que un pensamiento equivale a no más que a una décima de voltio de electricidad. Sin embargo, ésta ejerce una gran influencia en nuestras emociones y, especialmente en nuestra salud.

El doctor Deepak Chopra afirma que pensar es practicar química cerebral. El producto de estas reacciones químicas es precisamente la secreción de hormonas desde glándulas como el hipotálamo y la pituitaria. Éstas se encargan de transmitir mensajes a otras partes del cuerpo.

Por ejemplo, los pensamientos hostiles y de enojo aceleran los latidos del corazón, suben la presión arterial y sonrojan la cara, entre otras reacciones. Los sentimientos de ira, enemistad, resentimiento y tristeza debilitan el sistema inmunológico del cuerpo.

Los pensamientos positivos como el entusiasmo, el amor, la amistad, la paz, la tranquilidad y muchos otros, producen un flujo de neurotransmisores y hormonas en el sistema nervioso central, que estimula, provee energía al cuerpo, y crea las circunstancias propicias para el mantenimiento o restauración de una buena salud. Cada uno de nosotros es, hasta cierto punto, responsable por el nivel de salud del cual gozamos.

Tenemos la gran opción de cambiar nuestra actitud y, por ende, modificar el efecto negativo que ésta pueda estar ejerciendo sobre nuestra salud física.

En un estudio realizado con treinta pacientes que sufrían de cáncer del colon o de tumores malignos, se les pidió que tomaran un curso de ocho semanas sobre relajación y cambio de actitud. La terapia consistía en visualizar enormes células anticancerosas navegando a través del sistema sanguíneo y devorando las células enfermas o el tumor existente. El propósito era cambiar la actitud derrotista y las creencias negativas que muchos de ellos tenían. Los resultados fueron sorprendentes. Los pacientes que tomaron el curso mostraron un incremento en el número de las células que normalmente protegen el cuerpo contra el crecimiento de tumores malignos.

Así pues, te sugerimos que:
Examines cuidadosamente la clase de información con la cual alimentas tu mente.
Controles los pensamientos que ocupan tu cerebro, ya que estos afectan tu salud física y mental, si no son pensamientos renovadores y positivos. Recuerda que el desarrollo de una gran actitud es esencial para alcanzar el éxito.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Seamos humildes

Reconozcamos nuestros errores para crecer aún más

Dado que vivir es aprender basados en el ensayo y en el error, cometemos muchísimas equivocaciones. Sin embargo, el problema no está en las equivocaciones, el problema es vivir equivocado, principalmente porque no sabemos reconocer nuestros desaciertos, ni mucho menos apartarnos de ellos. Ser humilde significa asumir la responsabilidad por las acciones incorrectas que emprendemos. Si no somos humildes, no tendremos oportunidad de crecer como personas. Cuando nos equivocamos, la única forma de enmendar nuestro error es admitiéndolo, aceptando nuestra responsabilidad y renunciando a seguir quebrantando la norma. Quien admite su error asume una actitud humilde ante la situación. La oportunidad para corregirnos y cambiar sólo es posible cuando nos sentimos sin cargos de conciencia. El error mas serio que podemos cometer es saber que estamos equivocados y no hacer nada para cambiar. Al decir la verdad, al admitir el error, lo sacamos al exterior y lo hacemos visible. Únicamente mediante la humildad obtendremos otra oportunidad y estaremos edificando en nosotros y en quienes nos rodean. La humildad es poderosa porque nos limpia y nos permite mostrarnos como somos, sin necesidad de aparentar o de esconder las fallas. La humildad nos da una gran valía como personas.
En las personas humildes podemos ver la manera correcta de actuar ante los errores: Los aceptan, los reconocen y se apartan de las acciones erróneas:

• Antes que nada, los aceptan y públicamente se excusan ante otros, sin importar si son equivocaciones pequeñas o grandes.

• Reconocen, admitiendo su equivocación y, sobre todo, su responsabilidad.

• Se apartan de ellos, tomando un nuevo camino; muchas veces opuesto al que llevaban. Muchas personas creen que la humildad es una especie de inferioridad y subvaloran este atributo del carácter. Quien no es humilde suele defenderse con razones falsas auto-justificándose en todo lo que hace mal y termina por destruir su carácter y genera la compasión o el desprecio de quienes lo rodean. En realidad, el no ser humildes es un problema de exceso de ego.

Muchas veces por no saberse humildes aceptamos halagos falsos de los amigos, de la familia o de quines apenas nos conocen. Es posible que también nosotros demos falsas opiniones de los otros para no lastimar su ego. En estas situaciones, ¿dónde esta la honestidad?. Con esta clase de comportamientos, nunca aprenderemos a ser humildes y es posible que estemos segando a otros la oportunidad de crecer.

Si hablamos de "AMISTAD"...

Rompamos el mito de "Amigo cuanto tienes cuanto vales"

Uno de los fenómenos más asombrosos de este mundo en que vivimos es que se habla tanto más de una cosa cuanto menos importante es. Se llenan páginas y páginas de los periódicos para aclarar una jugada futbolística (tremendo drama: ¿fue o no un penalty?) y nadie habla jamas—ni en los diarios, ni en los púlpitos, ni en las cátedras—de cuestiones tan vitales como la de la amistad. Y, naturalmente, todos decimos saber mucho de ella, pero raramente nos hemos sentado a reflexionar.

Me gustaría salir a la calle y preguntar a la gente que entiende por "amistad". Muchos la confundirían con la simple simpatía, el compañerismo, la camaradería. O tal vez—por el otro extremo—con el enamoramiento o con el erotismo. Y la amistad esta en medio, como una de las más altas especies del amor.

Si los lectores no lo consideran cursi recordaré aquí la vieja definición de Aristóteles: «La amistad consiste en querer y procurar el bien del amigo por el amigo mismo.» O la recientísima de Laín Entralgo, que me parece más completa: "La amistad es una comunicación amorosa entre dos personas, en la cual, para el bien mutuo de éstas, se realiza y perfecciona la naturaleza humana." O la también profunda de Faguet: "La amistad es una confianza del corazón que conduce a buscar la compañía de otro hombre (o mujer) elegido por nosotros entre los restantes y a no tener miedo de él, a esperar de él apoyo, a desearle el bien, a buscar ocasiones de hacérselo y a convivir con él lo más posible."

Con ello queda dicho que la amistad no es el simple compañerismo o camaradería, aunque pueda surgir del uno o de la otra. Queda también dicho que la amistad no es el enamoramiento, aunque probablemente el mejor amor es el que va unido a la honda amistad.

Pero, sobre todo, queda dicho que en la amistad no se busca la "utilidad"—aunque no pocas pseudoamistades se monten como un negocio—, sino que a ella se va más para dar que para recibir, aunque nada perfeccione tanto a un ser como dar a otro lo mejor de si mismo. Una verdadera amistad es sólo la que enriquece a los dos amigos, aquella en la que el uno y el otro dan lo que tienen, lo que hacen y, sobre todo, lo que son.

De ahí que ser un buen amigo o encontrar un buen amigo sean las dos cosas más difíciles del mundo: porque suponen la renuncia a dos egoísmos y la suma de dos generosidades. Suponen, además y sobre todo, un doble respeto a la libertad del otro, y esto si que, más que una quiniela de catorce, es un simple milagro. «La amistad verdadera —escribe Laín—consiste en dejar que el amigo sea lo que él es y quiere ser, ayudándole delicadamente a que sea lo que debe ser.» ¡Y que difícil esta frontera que limita al Norte con el respeto y al Sur con el estimulo! ¡Y qué fácil caer en esa especie de vampirismo espiritual en el que uno de los dos amigos devora al otro o es devorado por su voluntad más fuerte!

¡Qué enriquecedora, en cambio, esa amistad que maduran los años y en la que nos sentimos libres y sostenidos, aceptados tal y como somos y delicadamente empujados hacia lo que deberíamos llegar a ser. Tesoros como éste son como para vender todo lo demás y comprarlos