martes, 31 de julio de 2007

Que haces para tu superación?

EL PERFECCIONAMIENTO DE SÍ MISMO

Afortunados todos aquellos que todavía se nos da la oportunidad de estar en esta dimensión, oportunidad que debemos saber aprovechar en pro de nuestro crecimiento, de sorprendernos inatentos en nuestras acciones, de corregir todos esos errores que hemos cometido, afectado nuestro comportamiento y deteriorado de nuestra personalidad.

Día a día debemos trabajar en pro de nuestro perfeccionamiento, pues este debe ser para todos la aspiración más elevada y el ideal más sublime, porque está íntimamente ligado con la verdadera e inmutable felicidad que es el anhelo más hondamente sentido por la humanidad y que sólo se llega a convertir en realidad cuando llegamos a ser perfectos, porque el ser perfecto dejaría de serlo sino fuera también completamente feliz.

Recordemos como una vez lo que citara Hochköppler: vida triste la que no tiene un ideal a la existencia sin aspiración de algo más elevado, bello y grande, porque es cosa bien triste y es casi imposible de concebir que pudiera existir.

¿Quién no aspira a mejorar la situación actual?, al respecto se puede señalar, que lo importante es saber dar a esta aspiración existente en todo ser humano, la verdadera situación. Conviene señalar la verdadera meta para evitar falsos rumbos y no gastar nuestros esfuerzos sino en la verdadera dirección.

Por tanto, ¿Cuál es el verdadero ideal, cuál la meta a la que debemos dirigir nuestros esfuerzos y no esquivar rumbos?. Definitivamente el verdadero ideal es la perfección, en donde su resultado es ser perfecto.
No dudamos, que Usted se ha preocupado por ser cada día mejor dentro de esta corta existencia, más en el escenario que ha seleccionado desempeñarse , sin originarse daño ni a los otros. No olvide, que la perfección a la que debemos aspirar consiste en el pleno desarrollo, equilibrio y dominio armonioso de la naturaleza del hombre, que esta compuesta de tres partes: la física, la emocional y la elemental; porque las emociones y los pensamientos habituales forman parte de un sentido muy real, del ser corporal humano, desde que muchas veces se impone sin que sea la intención del hombre mismo. No obstante, el hombre es un ser social, viviente que tiene sentimientos, que debe saber controlar, ideas y voluntades propias, libre albedrío y que debe ser capaz de ejercitarlo empleando su naturaleza trina en los propósitos surgidos de dentro de si mismo, debe controlar su cuerpo, sus deseos, pasiones, emociones y pensamientos, porque sino los bienes, lo material, las ilusiones, las pasiones e influencias, lo esclavizan, le originan dolor a menos a menos que el hombre tenga pleno dominio de sí mismo.

Debemos adquirir el propio control sobre nuestro cuerpo, emociones y pensamientos, entonces seremos capaces de afrontar las grandes cosas sin que se merme nuestro poder, un nuestra felicidad, porque la falta del propio control es la verdadera causa de las tantas miserias que nos agobian. Basta que observemos a las personas que nos rodean y a nosotros mismos y encontraremos cuán poco dominio mantenemos sobre nuestro cuerpo físico, cuantos movimientos y gestos no controlamos. Cuántas energía gastadas inútilmente. Debemos conserva nuestro cuerpo en buenas condiciones, mantenerlo escrupulosamente limpio, darle alimento puro y en cantidades razonables, sin caer en la extravagancia, ser demasiado indulgente en el comer y en el beber, trabajar sin estrés, equilibradamente, sin tensión, sin vivir de prisa.

Consideremos lo que nos lega el Tao: “El gran éxito, como la desgracia puede causar problema. El éxito que promueve el ego puede hacerle perder el camino”. La persona Tao acepta el Uno y vive en paz con su modelo. No te demores en tu ego y descubrirás tu alma. Evita los actos orgullosos y tu trabajo perdurará. S no compites, nadie en la tierra competirá contigo. Sigue la sabiduría antigua: Cede y supera. La paz verdadera se logra centrándose y mezclándose con la vida”.
Le recordamos no olvidar en el trabajo hacia el perfeccionamiento de sí mismo, de despojarse del orgullo, puesto es falso, crea barreras e impide la intimidad.

Recuerde lo que Leo Buscaglia señala: No temer a los desacuerdos a las discusiones, pues las únicas personas que no discuten son las que no se preocupan por nada o están muertas. De hecho. No sostenga discusiones breves asegúrese de terminarlas en una forma definitiva.

ERRAR ES HUMANO



¿POR QUE DEBEMOS RECONOCER LOS ERRORES?
Es común que al tomar decisiones nos equivoquemos, y que entre uno y otro error alguien resulte lastimado. Sin embargo, muy pocas personas aceptan y reconocen sus errores, pues se tiende a ocultarlos, excusarse o discutir, antes de poder decir: “Lo siento”. Siga leyendo.
Cierto día, durante mientras dictaba una conferencia sobre relaciones de pareja, sugerí que era fundamental aprender a reconocer los errores y además enmendarlos. Uno de los asistentes, señaló que eso no era ni fácil ni inteligente. No era fácil por nuestra naturaleza orgullosa y no era inteligente debido a las consecuencias que generaba, como: tener que humillarse, rebajar la imagen y perder poder. Intentaré aquí abordar el tema e incluir algunos de los argumentos con los cuales respondí a la persona que hizo el citado planteamiento.Lo primero que conviene comprender para avanzar sobre este interesante tema, es que equivocarse es normal, y puede ser necesario y positivo. Comencemos por decir que un error es un término interpretativo, que significa desacierto o equivocación en la concepción o ejecución de una acción determinada. Los dos factores más frecuentes que se encuentran en la tendencia a errar son la falta de información, la actitud mental negativa y la ineptitud de ejecución. Visto esto, diremos que nunca se tiene toda la información, no siempre nos sentimos ben ni en la misma emoción, y no todo podemos hacerlo a la perfección. Siendo así, como humanos, resulta lógico y razonable que nos equivoquemos. Un segundo elemento es la consideración cultural de que un error es algo negativo. Pienso, que en la mayoría de los casos, exceptuando errores de consecuencias irremediables o irreparables, la situación en realidad es paradójicamente contraria. No es negativo que un niño se caiga cuando intenta superar el gateo, pues eso le permite aprender a caminar. Gracias a los errores de entrenamientos y ensayos se alcanzan la calidad y la excelencia. Una vez escribí en mi libro El mensaje de los Sabios: “Los errores son cursos de aprendizaje rápido”. Pensemos que cada error es una experiencia, una memoria, y los más experimentados son los que por lo general eligen mejor.Lo cierto es que equivocarnos puede ser de gran ayuda como entrenamiento para retos mayores. Así, si aceptamos que es normal equivocarse, y que puede incluso ser muy positivo, el asunto siguiente es ¿Qué posición tomar ante el error? Las opciones más frecuentes suelen ser: negarlo, evadirlo o reconocerlo.La experiencia nos ha dicho que la tendencia más común y la más negativa de todas es negarlo, lo cual implica manejar la situación como si nada estuviera ocurriendo. Esto cierra toda posibilidad de un abordaje sano y productivo. Es un mecanismo primitivo puede estar relacionado con indicadores de baja autoestima, como: sobre exigencia, autoengaño y necesidad de manipulación de los demás. Es una estrategia típica en muchos políticos y adictos a la “buena imagen”.Otro mecanismo frecuente es la evasión. Aquí, a diferencia de la negación, se ve, y puede reconocerse, pero se huye para no afrontar los eventos y sus consecuencias. Muestra la presencia de estados de culpa y ansiedad, y se destaca un estilo de abordaje ocasional, ligero, distractor, con cambios de tema y manejo poco serio, pues se busca distanciarse del posible malestar emocional que confrontar el error puede producir.La otra forma, la que estimo positiva y necesaria, es la de afrontar responsablemente los hechos y sus consecuencias, lo cual trae aparejados diversos beneficios que destaco a continuación: Reconocer los errores que cometemos nos hace humildes. Cuando tenemos poder o nos va muy bien tendemos a alejarnos de Dios y actuar de manera egoísta y soberbia. Ver y admitir errores y defectos nos encamina a una visión más justa acerca de nuestra falibilidad y la necesaria humildad que deben tener quienes, sin duda alguna, van a envejecer y a morir.Reconocer los errores que cometemos nos permite aprender y mejorar. Esto es así, pues mientras más rápida y claramente veamos lo que o ha salido bien, más pronto podemos remediarlo y aprender del error para evitar reincidencia, y poner las cosas en el nivel que deben tener.Reconocer los errores que cometemos nos da una imagen favorable. Esto es así pues a diferencia de lo que se piensa, cuando asumimos la responsabilidad por un resultado indeseado, se nos reconoce como personas honestas de las que no hay que cuidarse, lo que abre las puertas de la confianza en las relaciones y las mejora notablemente.Reconocer los errores que cometemos, induce a otros a admitir sus errores. Es más fácil que los demás admitan lo que no hacen bien si alguien les da el ejemplo. Ocurre aquí el mismo fenómeno que en las fiestas, donde al iniciar alguien el primer baile, le siguen varias parejas en inmediato apoyo.Reconocer los errores que cometemos, reduce la posibilidad de conflictos y facilita la realización de acuerdos. Cuando expresamos lo que no hemos hecho bien, las personas que nos rodean “bajan la guardia” y reducen o frenan sus tendencias hostiles y esto facilita vivir en pareja y familia, tanto como trabajar en equipo. Además, es un hecho aceptado, que la gente promedio no gusta de quienes se muestran especiales o perfectos.Reconocer los errores que cometemos, nos permite ver otros ángulos de la realidad. Si nos empeñamos en pensar que todo lo hacemos bien, limitamos nuestra percepción del mundo que nos rodea, nos hacemos cómodos y nos encerramos en los hábitos. Admitir que existen mejores maneras de hacer las cosas, nos impone el reto automático de buscar tales maneras.Digamos, pues como resumen que todos nos equivocamos, que no puede evitarse, que puede ser positivo, y que hay maneras beneficiosas de abordar los errores, pues nos permiten tomarlos como abono para la tierra de la experiencia y del conocimiento.
Aceptar un error no significa humillarse, no te quita poder, lo incrementa, y más allá de prejuicios culturales podríamos hacer como el sabio japonés quien afirmaba que un secreto del éxito consiste en levantarse apoyándose en el mismo lugar donde nos hemos caído.